Resulta inevitable escuchar a un grupo de muchachitos entre los 20 y 30 años repetir una y otra vez que los “explotadores capitalistas” de la industria venezolana han generado toda su vida inmensos beneficios a costa de la pobreza del pueblo y que las empresas son tradicionalmente parásitas y chupadoras del trabajo ajeno.
Nos encontramos en el centro del huracán. Nosotros en la industria somos los miembros más visibles de la comunidad empresarial y no nos podemos ni queremos ir. Las inversiones industriales no son volátiles. No es como “hacer un negocio rápido” de entrar y salir. Realizar una inversión industrial lícita es saber que no hay un retorno de la inversión en forma de dividendos para el accionista durante un buen número de años.
Veo sin embargo que hay empresas denominadas de maletín, invisibles y escurridizas, que esperan obtener grandes beneficios en operaciones de riesgo que entran y sacan su dinero en forma de divisas con una gran facilidad. Obtienen un beneficio en un negocio puntual y pueden retirarse a esperar el próximo.
El dinero industrial en cambio está disponible en forma de inventario de materias primas, productos en proceso o bienes terminados, así como en maquinarias. El capital industrial jamás tiene la misma movilidad del dinero especulativo o de servicios.
La mayoría de comerciantes que conozco no le gusta la industria, “Muy complicado” dicen.. Es que hay que invertir y trabajar y “parir” el producto.
Las empresas hemos tenido que sufrir durante años los embates de devaluaciones. Resulta frustrante como en momentos de devaluación, el dinero líquido se retira inmediatamente y obtiene grandes beneficios una vez termina la especulación, aún más, son ellos los que en muchos casos de la historia venezolana son los que han creado esta especulación. Sálvese quien pueda dicen ellos.
Muchas empresas hemos tenido que quedarnos con contratos congelados condenándonos a la descapitalización. En el año 2002 por ejemplo, conozco empresas que perdieron el trabajo –léase la capitalización- de los cuatro años anteriores porque los agarró la devaluación con contratos pendientes y no obtuvieron reajuste alguno. Esto las tuvo al borde del cierre en los años duros del 2003 y principios del 2004. La razón es muy sencilla, el dinero que habían acumulado para trabajar se redujo en un 50-60% de una vez.
Las empresas hemos tenido que soportar épocas difíciles de baja producción y nuestra prioridad número uno ha sido tratar de mantener el empleo, porque si la situación de los trabajadores era difícil dentro de la empresa, peor era fuera de ella. Hemos tenido ciclos buenos como este, y esperamos que continúe para el bien de todos.
Hace muchos años no tenemos un ciclo de cinco a seis años de crecimiento acelerado.
La empresa industrial ha sufrido desde el año 1983 altas y bajas, ciclos de capitalización y ciclos de descenso. Invito a los amigos ideólogos que se pongan al frente de una empresa cuando llega el viernes y hay que pagar la nómina sea como sea. Empiecen a buscar en Brasil o en Argentina a las verdaderas “empresas patriotas”.
