lunes, 25 de junio de 2007

Como los empresarios cambiaron el mundo - Johan Norberg


Johan Norberg es autor de varios libros sobre los derechos humanos, la libertad económica y la historia del liberalismo. Norberg es un Académico Titular del Cato Institute y dio este discurso en una conferencia de Cato de 2006. Interesante artículo que vale la pena leer.


Me acuerdo de un párrafo en el libro de Ludwig von Mises Acción humana en el que él dice que la economía de mercado libre no necesita defensores o propagandistas. El mejor argumento a favor de la economía de mercado libre está en el epitafio de Sir Christopher Wren, el arquitecto que construyó y está enterrado en la catedral de San Pablo: “si monumentum requiris, circumspice” (si está buscando un monumento, mire a su alrededor). Observe lo que el construyó. Observe su misión. Está parado en ella en este momento.

Esa, creo yo, es la mejor defensa de la economía de mercado libre que uno pueda concebir —que las personas miren a su alrededor y consideren las impresionantes cosas y oportunidades que los empresarios y los negocios le han dado al mundo durante los últimos 200 años. Solo observe la salud, la riqueza, las tecnologías, las oportunidades, y la comida en sus platos. ¿Podrían haber sido posibles cualquiera de esas cosas para un rey o una reina hace 200 años? Solo observe la salud, la riqueza, las tecnologías, las oportunidades y la comida en su plato. ¿Podrían haber estados a la disposición de un rey o reina hace 200 años cualquiera de esas cosas?

El impresionante hecho es que los empresarios y los innovadores y los negocios han convertido lujos que ni siquiera los reyes podían costear en ítems ordinarios de bajo costo a su disposición en su tienda local. Esa es la mejor defensa del capitalismo.

En muy poco tiempo, el mundo ha experimentado un cambio extremo. Y ese es el tema de mi reciente libro, Cuando el hombre creó al mundo (When Man Created the World). La cuestión interesante es que la historia nos muestra que la libertad funciona. Durante 1.000 años de monarquía absoluta, feudalismo, y esclavitud, el ingreso promedio de la humanidad aumentó por alrededor de un 50 por ciento. En los 180 años desde 1820, el ingreso promedio de la humanidad aumentó por aproximadamente 1.000 por ciento.

Durante los últimos 100 años, hemos creado más riqueza, reducido más pobreza, y aumentado la expectación de vida más que en los anteriores 100.000 años. Y aquello ocurrió gracias a personas como usted —empresarios, pensadores, creadores, innovadores— quienes tenían ideas nuevas, quienes viajaron distancias geográficas y, particularmente, distancias mentales para crear cosas nuevas y quienes se encargaron de que las tradiciones de antaño, las cuales hubiesen detenido las creaciones nuevas, no puedan detenerlas por mucho tiempo.

Por eso es que tenemos toda esta riqueza. Por eso es que nuestro hijo, el que nacerá en enero, tiene más probabilidades de llegar a la edad de jubilación que las probabilidades que tenían todos los niños de todas las épocas anteriores de llegar a experimentar su primer cumpleaños.

La difusión global

En las últimas décadas de globalización, en las que nuevas oportunidades, tecnologías y medios de comunicación y de producir se han difundido alrededor del mundo, hemos presenciado un fenómeno impresionante: los países en vías de desarrollo están creciendo más rápido que los países más ricos del planeta. Nos tomó a nosotros alrededor de 40 años para duplicar nuestro ingreso promedio. A China, India, Bangladesh y Vietnam les toma entre 10 y 15 años. Ellos pueden usar las ideas y las tecnologías que nosotros nos demoramos generaciones en desarrollar de la manera correcta. Por eso es que la pobreza en el mundo se ha reducido por la mitad en los últimos 20 años.

Cada minuto que hablo, 13 niños pasan del trabajo, las tareas pesadas y el sudor en las haciendas o en las fábricas a las escuelas para obtener una educación, para tener una mejor vida después y para aumentar sus oportunidades.

Y cada minuto que hablo, su expectación de vida está aumentando por alrededor de 15 segundos gracias al aumento de riqueza y de nuevas tecnologías para la medicina.

Todo esto depende de innovadores y empresarios. El empresario es el explorador que viaja al territorio desconocido y abre nuevas rutas en su camino las cuales todos estaremos utilizando pronto.

Nada ha existido “desde el principio”. Ni siquiera los recursos naturales son naturales en cualquier sentido estricto —algo de lo que muchos gobiernos se han dado cuenta cuando han nacionalizado los recursos petroleros y de gas entre otras cosas. Ellos no habían comprendido que también necesitamos al espíritu emprendedor —la habilidad de descifrar cómo utilizar un recurso y cómo invertir en este de una manera positiva para asegurar que este sea utilizado de manera eficiente.

Los países de la OPEP crecieron aproximadamente en un 4 por ciento cada año gracias a sus recursos petroleros hasta 1973, cuando casi todos ellos nacionalizaron sus industrias petroleras. Desde ese entonces, ellos se han empobrecido en 1 por ciento anual.

Hace cincuenta años un camionero de Carolina del Norte, Malcolm McLean, pensó que debía haber una forma más sencilla de transportar los productos y los componentes alrededor de todo el mundo. Hasta ese entones, la gente llevaba sus camiones hasta el puerto. El barco se sentaría ahí por una semana más o menos mientras que una fuerza laboral sindicalizada lentamente y constantemente cargaba cada una de las piezas de la carga al barco. Lo opuesto sucedería en el puerto de destinación.

McLean pensó, “¿Que tal si usamos cajas sin ruedas y solo ponemos todos los productos en las cajas y así solo tenemos que cargar las cajas y ponerlas en el camión luego conducirlas al puerto y ahí solamente poner las cajas sin abrirlas en el barco?”

En una noche, McLean creó un tráfico moderno de contenedores. El redujo el costo de enviar productos y componentes a través de los océanos por algo cercano a un 97 por ciento. Para nosotros es posible tener una computadora particular con componentes de todos los continentes más importantes del planeta, las ropas que nos ponemos y la comida en nuestras mesas gracias a un hombre, su sueño y una cultura que no trató de detenerlo sino que apoyó sus sueños y sus visiones. Y los países en vías de desarrollo de repente tienen en qué utilizar su talento y arduo trabajo —para producir lo que ellos pueden producir mejor que nadie, ponerlo en contenedores, y enviarlo a otro lugar.

Pero la tecnología no es suficiente. También necesitamos libertad para la tecnología nueva. A menos de que los gobiernos se aparten del camino y permitan que los empresarios hagan lo suyo, nada de esto sucederá. Esto lo sabemos porque hay lugares en los que las tecnologías modernas no son utilizadas debido a la existencia de regulaciones, corrupción y la intervención gubernamental.

Si está enviando un camión lleno de frutas de Sudáfrica a Zimbabwe, le cuesta más a usted en tiempo, sobornos, pagos al gobierno por trámites e impuestos que lo que le costaría enviar el mismo camión a EE.UU.

Nuestros héroes

Hay una obra clásica de Joseph Campbell, un libro acerca de historia cultural titulado El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces) acerca de los héroes en las distintas culturas. Puesto que Campbell viajó alrededor del mundo leyendo libros de otros continentes, pudo ver que hay héroes en todas las culturas, en todos los libros, y en todas las eras. Necesitamos héroes, porque ellos dicen algo acerca de cuáles son nuestros valores, de lo que es bueno, de lo que es grandioso, de lo que es malo, y de lo que deberíamos tratar de evitar.

Él vio un patrón común. Pensó que en la mayoría de las culturas y en la mayoría de las eras los mismos tipos de cosas eran vistas como heroicas.

Algo importante ocurre y nuestro héroe es forzado a embarcarse en un viaje para luchar contra enemigos hostiles, con todas las de perder y con una falta de conocimiento acerca de qué hacer, de cuándo y cómo. Pero a lo largo del camino, adquiere algunos amigos que lo ayudan y le dan el conocimiento y la inspiración para hacer lo correcto.

Piensen en el viaje heroico una vez más, y ahora piensen en las personas de las que acabé de hablar hace un rato —personas como usted, pensadores, innovadores, emprendedores. ¿Qué nos permite que sea posible comprar equipos y productos de otras partes del mundo? Los empresarios se enfrentan a tradiciones antiguas, obstáculos políticos, impuestos y regulaciones, pero también tienen amigos —gente con acceso al capital, con sabiduría, con otras empresas. Si tienen suerte, los empresarios triunfan. Si no, aprenden algo nuevo, luego lo mejoran para la próxima y traen a la comunidad algo nuevo que cambia las vidas para siempre.

Esa es la épica heroica. El empresario es el héroe de nuestro mundo. De verdad no necesitamos los Frodos, los Luke Skywalkers o las Buffys que cazan vampiros. Tenemos a los Malcolm McLeans del mundo.

Pero como todos ustedes saben, eso no es lo que la cultura popular piensa de los capitalistas y empresarios hoy. Si usted va a la típica película de Hollywood, el héroe es alguien un tanto distinto.

Los científicos y los capitalistas son los malos en gran parte de las producciones de Hollywood. Eso es un poco irónico, puesto que no tendríamos la tecnología para realizar filmes si no hubiera científicos así como tampoco tendríamos una industria de películas si no fuese por los capitalistas. Pero ellos son presentados como los villanos.

Algunos de los que se oponen a la globalización y de las personas que se oponen al libre comercio ahora son consultores bien pagados que se sientan en las juntas directivas de las grandes empresas y les dicen que lo que están haciendo es realmente algo malo y que deberían aceptar más responsabilidad corporativa social. En sus términos, la responsabilidad corporativa social significa que lo que usted ha hecho hasta ahora no es social. No es suficiente crear productos, servicios, y tecnologías que aumentan nuestra expectación de vida y salvan las vidas de nuestros niños. No, usted necesita hacer algo más. Luego de lograr sus ganancias, usted necesita devolverle algo a la sociedad.

¿Devolverle algo a la sociedad? ¡Cómo que si el empresario le hubiese robado algo que le pertenecía a la sociedad, lo cual ahora tiene que devolver!

Las ganancias no son algo por lo cual nos tenemos que disculpar. Las ganancias son una muestra de que el capitalista le ha dado algo a la sociedad que esta aprecia más que la riqueza material que el empresario ha recibido.

Debo recalcar que los empresarios nunca deberían estar agradecidos con una sociedad que les da licencia para actuar, soñar, innovar y crear. Pienso que nosotros, como una sociedad, deberíamos estar agradecidos con el empresario y con los hombres de negocios por lo que ellos hacen. Los empresarios son los héroes de nuestro mundo —a pesar de los riesgos, el trabajo duro, la hostilidad por parte de la sociedad, la envidia de sus vecinos, y las regulaciones estatales, ellos continúan creando, produciendo y comerciando. Sin ellos, nada estaría ahí.

La magia vive

Max Weber, el sociólogo alemán, pensaba que el mundo moderno estaba experimentando una desmitificación que era muy problemática. No quedaba magia ya en el mundo, la ciencia estaba explicándolo todo —la vida, la naturaleza, las enfermedades.

Discúlpeme, ¿no hay magia? Eso no tiene sentido. Yo llegué aquí volando. En 1901 oímos de un comentador muy incisivo quien dijo que eso era imposible. No podíamos volar. No ibamos a poder hacer algo similar dentro de por lo menos los próximos 50 años. Ese comentador era Wilbur Wright, uno de los dos hermanos Wright, quienes dos años más tarde tomaron el primer vuelo, porque el quería explorar. Se tomó el riesgo y logró que todo sucediera. Aquello es magia.

Tengo en mi computadora más poder de calculación que lo que existía en gran parte de los países hace 40 años. Mis pensamientos están siendo transformados a ‘1’ y ‘0’ que luego son transmitidos vía fibra óptica, cables ópticos de vidrio, tan delgados como un pelo, y luego vienen del otro lado del planeta en un décimo de un segundo. Y al clic de un mouse, puedo ordenar cualquier clase de conocimiento que exista en cualquier parte del mundo.

Encima de nosotros hay satélites que pueden guiar nuestra navegación. Y por debajo de nosotros hay robots que extraen metales de las rocas. Hemos viajado al espacio, y hemos leído el código genético dentro de nosotros. Hemos conquistado el hambre y enfermedades. Entonces yo le diré esto: vivimos en un mundo encantado, en un mundo mágico y es cada vez más encantado porque los creadores y los innovadores lo hacen así.

Hay visión. Están la inteligencia, la ingeniosidad, el trabajo duro en cada producto, en cada servicio, y en cada tecnología que utilizamos todos los días. Y ahora solo estamos comenzando. Tenemos más científicos vivos hoy que los que han existido en todas las épocas anteriores combinadas.

Imagínese lo que los individuos libres y los creadores pueden hacer con el nuevo descubrimiento en nanotecnología, biotecnología, y la robótica. Estoy seguro de que nos sorprenderá igual que la habilidad de volar y las computadoras han sorprendido a nuestros antecesores. Si las personas dan por hecho estas cosas, es solamente porque nuestros días ordinarios se han vuelto fantásticos.

El pozo de la libertad

Usted conoce el viejo proverbio, “Aquel que ha satisfecho le da la espalda al pozo”. Bueno, por eso es que nos reunimos y por eso es que estamos almorzando. Por eso es que trabajamos y por eso es que peleamos —para recordarle a la gente de aquel pozo de libertad y de individualismo, para evitar que el pozo se seque, y para recordarle a las personas las razones por las cuáles más personas viven más tiempo y con más riqueza que nunca antes en países que son más libres que nunca.

Es de costumbre al final de un discurso dar las gracias como indicación de que es el fin de la charla. Yo lo hago cuando hablo con personas que se oponen a la globalización y con marxistas y demás grupos. Pero realmente lo siento.

Debo darles las gracias por crear este mundo fantástico. Y muchas gracias sobre todo por su apoyo a las ideas que lo hacen posible.

La Inviabilidad del Socialismo - Ludwig von Mises



Se ha tomado del internet un artículo sencillo y autoexplicativo que es un documento corto escrito por uno de los mayores críticos científicos del socialismo: el austriaco Ludwig von Mises.


Se piensa con frecuencia que si el socialismo no funciona, se debe a que nuestros contemporáneos no poseen aún las necesarias virtudes cívicas, y que los hombres, tal como son actualmente, son incapaces de poner en el desempeño de las tareas que el estado socialista les asigne el mismo celo con que realizan su diario trabajo bajo el signo de la propiedad privada de los medios de producción. En el régimen capitalista, saben que el fruto de su trabajo personal es suyo y que sus ingresos aumentan cuanto más producen, reduciéndose en caso contrario. Por el contrario, en un sistema socialista el que personalmente se gane más o menos no depende ya casi de la excelencia del propio trabajo; en efecto, cada miembro de la sociedad tiene teóricamente asignada una determinada cuota de la renta nacional, sin que varíe de forma apreciable por el hecho de que se trabaje con desgana o con ahínco. La gente piensa que la productividad socialista ha de ser por fuerza inferior a la de la comunidad capitalista.
Así es, en efecto. pero no es éste el fondo de la cuestión. Si fuera posible en la sociedad socialista cifrar la productividad del trabajo de cada camarada con la misma precisión con que se puede conocer, mediante el cálculo económico, la del trabajador en el mercado, podría hacerse funcionar el socialismo sin que la buena o mala fe del individuo en su actividad productiva tuviera que preocupar a nadie. Podría entonces la comunidad socialista determinar qué cuota de la producción total corresponde a cada trabajador y, consiguientemente, cifrar la cuantía en que cada uno ha contribuido a ella. El que en una sociedad colectivista no sea posible efectuar semejante cálculo es lo único que, al final, hace que el socialismo sea inviable.

La cuenta de pérdidas y ganancias, instrumento típico del régimen capitalista, es un claro indicativo de si, dadas las circunstancias del momento, se debe o no seguir adelante con todas y cada una de las operaciones en curso; en otras palabras, si se está administrando, empresa por empresa, del modo más económico posible, es decir, si se está consumiendo la menor cantidad posible de factores de producción. Si un negocio arroja pérdidas, ello significa que las materias primas, los productos semielaborados y los distintos tipos de trabajo en él empleados deberían dedicarse a otros cometidos, en los que se produzcan o bien mercancías distintas, que los consumidores valoran en más y estiman más urgentes, o bien idénticos productos, pero con arreglo a un método más económico, o sea, con menor inversión de capital y trabajo. por ejemplo, cuando el tejer manualmente dejó de ser rentable, ello no indicaba sino que el capital y el trabajo invertido en las instalaciones de tejido mecánico eran más productivos, por lo que era antieconómico mantener instalaciones en las que una misma inversión de capital y trabajo producía menos. En el mismo sentido, bajo el régimen capitalista, si se trata de montar una nueva empresa, fácilmente se puede calcular de antemano su rentabilidad. Supongamos que se proyecta un nuevo ferrocarril; cifrado el tráfico previsto y las tarifas que aquél puede soportar, no es difícil averiguar si resultará o no beneficiosa la necesaria inversión de capital y trabajo. Cuando ese cálculo nos dice que el proyectado ferrocarril no va a producir beneficios, hay que concluir que existen otras actividades sociales que reclaman con mayor urgencia el capital y el trabajo en cuestión; en otras palabras, que todavía no somos lo suficientemente ricos como para efectuar tal inversión ferroviaria. El cálculo de valor y rentabilidad no sólo sirve para averiguar si una determinada operación futura será o no conveniente; ilustra además acerca de cómo funcionan, en cada instante, todas y cada una de las divisiones de las diferentes empresas.

El cálculo económico capitalista, sin el cual resulta imposible ordenar racionalmente la producción, se basa en cifras monetarias. El que los precios de los bienes y servicios se expresen en términos dinerarios permite que, pese a la heterogeneidad de aquéllos, puedan todos, al amparo del mercado, ser manejados como unidades homogéneas. En una sociedad socialista, donde los medios de producción son propiedad de la colectividad y donde, consecuentemente, no existe el mercado ni hay intercambio alguno de bienes y servicios productivos, resulta imposible que aparezcan precios para los aludidos factores denominados de orden superior. El sistema no puede, por tanto, planificar racionalmente, al serle imposible recurrir a un cálculo que sólo puede practicarse recurriendo a un cierto denominador común al que pueda reducirse la inaprehensible heterogeneidad de los innumerables bienes y servicios productivos disponibles.

Contemplemos un sencillo supuesto. Para construir un ferrocarril que una el punto A con el punto B, cabe seguir diversas rutas, pues existe una montaña que separa A de B. La línea ferroviaria podría ascender por encima del accidente orográfico, contornear el mismo o atravesarlo mediante un túnel. Es fácil decidir, en una sociedad capitalista, cuál de las tres soluciones sea la procedente. Se cifra el costo de las diferentes líneas y el importe del tráfico previsible. Conocidas tales sumas, no es difícil deducir qué proyecto es el más rentable. Una sociedad socialista, en cambio, no puede efectuar un calculo tan sencillo, pues es incapaz de reducir a unidad de medida uniforme las heterogéneas cantidades de bienes y servicios que es preciso tomar en consideración para resolver el problema. La sociedad socialista está desarmada ante esos problemas corrientes, de todos los días, que cualquier administración económica suscita. Al final, no podría ni siquiera llevar sus propias cuentas.
El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del calculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente.

Los dirigentes de la ideal sociedad socialista tendrían que enfrentarse a un problema imposible de resolver, pues no podrían decidir, entre los innumerables procedimientos admisibles, cuál sería el más racional. El consiguiente caos económico acabaría, de modo rápido e inevitable, en un universal empobrecimiento, volviéndose a aquellas primitivas situaciones que, por desgracia, ya conocieron nuestros antepasados.

El ideal socialista, llevado a su conclusión lógica, desemboca en un orden social bajo el cual el pueblo, en su conjunto, sería propietario de la totalidad de los factores productivos existentes. La producción estaría, pues, enteramente en manos del gobierno, único centro de poder social. La administración, por sí y ante sí, habría de determinar qué y cómo debe producirse y de qué modo conviene distribuir los distintos artículos de consumo. Poco importa que este imaginario estado socialista del futuro nos lo representemos bajo forma política democrática o cualquier otra. Porque aun una imaginaria democracia socialista tendría que ser forzosamente un estado burocrático centralizado en el que todos (aparte de los máximos cargos políticos) habrían de aceptar dócilmente los mandatos de la autoridad suprema, independientemente de que, como votantes, hubieran, en cierto modo, designado al gobernante.
Las empresas estatales, por grandes que sean, es decir, las que a lo largo de las últimas décadas hemos visto aparecer en Europa, particularmente en Alemania y Rusia, no tropiezan con el problema socialista al que aludimos, pues todavía operan en un entorno de propiedad privada. En efecto, comercian con sociedades creadas y administradas por capitalistas, recibiendo de estas indicaciones y estímulos que su propia actuación ordenan. Los ferrocarriles públicos, por ejemplo, tienen suministradores que les procuran locomotoras, coches, instalaciones de señalización y equipos, mecanismos todos ellos que han demostrado su utilidad en empresas de propiedad privada. Los ferrocarriles públicos, por tanto, procuran estar siempre al día tanto en la tecnología como en los métodos de administración.
Es bien sabido que las empresas nacionalizadas y municipalizadas suelen fracasar; son caras e ineficientes y, para que no quiebren, es preciso financiarlas mediante subsidios que paga el contribuyente.
Desde luego, cuando una empresa pública ocupa una posición monopolista —como normalmente es el caso de los transportes urbanos y las plantas de energía eléctrica— su pobre eficiencia puede enmascararse, resultando entonces menos visible el fallo financiero que suponen. En tales casos, es posible que dichas entidades, haciendo uso de la posibilidad monopolista, amparada por la administración, eleven los precios y resulten aparentemente rentables, no obstante su desafortunada gerencia. En tales supuestos, aparece de modo distinto la baja productividad del socialismo, por lo que resulta un poco más difícil advertirla. Pero, en el fondo, todo es lo mismo.

Ninguna de las mencionadas experiencias socializantes sirve para advertir cuáles serían las consecuencias de la real plasmación del ideal socialista, o sea, la efectiva propiedad colectiva de todos los medios de producción. En la futura sociedad socialista omnicomprensiva, donde no habrá entidades privadas operando libremente al lado de las estatales, el correspondiente consejo planificador carecerá de esa guía que, para la economía entera, procuran el mercado y los precios mercantiles. En el mercado, donde todos los bienes y servicios son objeto de transacción, cabe establecer, en términos monetarios, razones de intercambio para todo cuando es objeto de compraventa. Resulta así posible, bajo un orden social basado en la propiedad privada, recurrir al cálculo económico para averiguar el resultado positivo o negativo de la actividad económica de que se trate. En tales supuestos, se puede enjuiciar la utilidad social de cualquier transacción a través del correspondiente sistema contable y de imputación de costos. Más adelante veremos por qué las empresas públicas no pueden servirse de la contabilización en el mismo grado en que la aprovechan las empresas privadas. El cálculo monetario, no obstante, mientras subsista, ilustra incluso a las empresas estatales y municipales, permitiéndoles conocer el éxito o el fracaso de su gestión. Esto, en cambio, sería impensable en una economía enteramente socialista no podrían jamás reducir a común denominador los costos de producción de la heterogénea multitud de mercancías cuya fabricación programaran.

Esta dificultad no puede resolverse a base de contabilizar ingresos en especie contra gastos en especie, pues no es posible calcular más que reduciendo a común denominador horas de trabajo de diversas clases, hierro, carbón, materiales de construcción de todo tipo, máquinas y restantes bienes empleados en la producción. Sólo es posible el cálculo cuando se puede expresar en términos monetarios los múltiples factores productivos empleados. Naturalmente, el cálculo monetario tiene sus fallos y deficiencias; lo que sucede es que no sabemos con qué sustituirlo. En la práctica, el sistema funciona siempre y cuando el gobierno no manipule el valor del signo monetario; y, sin cálculo, no es posible la computación económica.

He aquí por qué el orden socialista resulta inviable; en efecto, tiene que renunciar a esa intelectual división del trabajo que mediante la cooperación de empresarios, capitalistas y trabajadores, tanto en su calidad de productores como de consumidores, permite la aparición de precios para cuantos bienes son objeto de contratación. Sin tal mecanismo, es decir, sin cálculo, la racionalidad económica se evapora y desaparece.


Texto de Ludwig von Mises publicado en Viena en 1927, en su obra Liberalismo.

sábado, 16 de junio de 2007

Transición al Socialismo

La posición de los ideólogos de la transición al Socialismo es de especial importancia en el análisis y la obligación de buscar maneras de mantenernos al día en el debate.

Es por eso que es importante leer elementos del debate emitidos por una de las supremas autoridades ideológicas del liderazgo hacia el socialismo: Haiman El Trudi. Desconozco el contexto en el que fué escrito y hacia quién lo dirigió específicamente, pero pareciera que tenemos luces de las condiciones en la que la transición inevitable hacia el Socialismo tal como lo ha fijado el Gobierno, nos lleva.

http://www.gumilla.org.ve/files/documents/Debate%20ssXXI.pdf

El socialismo y el hombre en Cuba





Es la idea identificar tendencias y luces hacia donde nos dirigimos en Venezuela. He leído un documento bastante interesante cuyo autor es el Che Guevara denominado "El socialismo y el hombre en Cuba". Este documento habla de pasos hacia una transición al socialismo y la necesidad de crear el "hombre nuevo". Esto se logra a través de un proceso educativo masivo.

Dice El Ché:

"En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparato de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra."

Este proceso de educación es obvio con el tercer motor socialista "Moral y Luces", y de la educación que se está realizando a nivel de todos los establecimientos educativos fondeados por el Gobierno venezolano. De pronto todo es diferente y estamos equivocados.

El socialismo y el hombre en Cuba

Ernesto Che Guevara

Estimado compañero. Acabo estas notas en viaje por África, animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos.

Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.

Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.

Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.

Llego la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados.

Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre del futuro.

En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de Octubre o en los días del ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.

En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.

Se produjeron enseguida contradicciones seria, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de gobierno con el cargo de primer ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.

Aparecía en la historia de la Revolución Cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa.

Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.

La masa participó en la reforma agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo.

Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.

Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante una política sectaria impuesta al partido por Aníbal Escalante.

Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con las masas. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años pero, en el caso de las iniciativas surgidas de estratos superiores del gobierno utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados.

Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y victoria.

Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.)

De todos modos, se muestra el camino con escollos que aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.

Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.

Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.

El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.

La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.

En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En estos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas las posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto.

En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados» por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.

De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.

Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela.

Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha.

A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible.

Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son los premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad.

En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparto de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra.

Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.

En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.

Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.

El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.

A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora.

Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias. En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción.

Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación.

No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.

Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas todas las cadenas de la enajenación.

Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.

Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.

Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aún cuando sea necesario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel). Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.

El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de retroceso.

Debemos considerar, además como apuntáramos antes, que no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino de una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.

Si a esto de agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance.

La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia.

En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre la necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad.: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado.

Se trata sólo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aún cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y sólo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados.

Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta «investigación» tiene sus límites imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.

Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.

Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia.

En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear.

El socialismo es joven y tiene errores.

Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarias para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido.) La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo.

Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce al problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.

Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy. Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas la formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy.

Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal.

En nuestro país, el error del mecanicismo realista no se ha dado, pero sí otro signo de contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionismo.

Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha, el futuro es nuestro.

Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores.

Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace.

El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…

Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia no una receta.

Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección, la tónica siempre, peros hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigente porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos.

No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.

Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas son que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.

Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella.

En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala loca y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.

Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.

En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.

Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna —no nos avergüenza ni nos intimida decirlo— va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.

Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.

Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.

Permítame intentar unas conclusiones:

Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres.

El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos.

Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.

Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos.
El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.

Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.

La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.

Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido.

La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.

Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando.

Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un «Ave María Purísima.» Patria o muerte.


Texto dirigido a Carlos Quijano.

Publicado en: Marcha, Montevideo, 12 de marzo de 1965.

Tomado de: Ernesto Che Guevara, Escritos y discursos, Tomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

Visión Marxista - Venezuela:Socialismo o Fracaso





Transcribo sin comentarios para análisis un documento tomado del sitio web "El Militante" con vocación de socialismo marxista. El documento es previo a la dirección trazada de profundización hacia el socialismo. Esta visión demuestra la visión marxista de socialismo como la "colectivización de los medios de producción". Ahora, pareciera el artículo de frustración para esa época y pudeira indicar que ese no es el camino o no es la realidad "por ahora"

Un análisis marxista sobre la situación económica actual y un llamado a avanzar urgentemente hacia la expropiación de los capitalistas y la construcción de una economía socialista planificada

Autor : Francisco Rivero Álvarez (CMR)
Fecha : ( 20-Agosto-2006 )
Categoria : Venezuela



Más allá del entusiasmo político e ideológico que despierta en las masas y en los sectores de izquierda del mundo el proceso revolucionario venezolano, subyacen factores de tipo económico que socavan progresivamente el rumbo exitoso del proceso. Este artículo busca analizar algunos de estos factores con la intención de contribuir a una mayor comprensión de los riesgos que enfrenta la Revolución bolivariana con el fin de sacar las conclusiones necesarias para corregir los mismos y hacer avanzar el proceso revolucionario hacia la victoria.

Una Economía Históricamente Rentista.

Desde los inicios del siglo XX, Venezuela pasó de ser uno de los países con menor ingresos económicos de América Latina al de mayor ingreso per capita gracias al descubrimiento del petróleo. La economía nacional que durante le siglo XIX se basó fundamentalmente en la producción agrícola del café y del cacao, pasó de la noche a
la mañana a sustentarse en un producto de alto precio pero de muy bajo valor social en cuanto a la cantidad de fuerza de trabajo que emplea para el proceso de extracción y exportación.

El fisco nacional, a pesar de la expoliación imperialista que apenas pagaba un ínfimo porcentaje de la riqueza extraída y comercializada, vio enriquecer sus arcas produciéndose fenómenos y deformaciones económicas características de economías donde la principal fuente de ingreso no está basada en el trabajo social, sino en un bien exógeno, como el oro de América en el caso de la España imperialista, y la extracción del petróleo en el caso venezolano.

Una de las principales características de este tipo de economías, que se reproducen en la mayoría de los países integrantes de la OPEP, lo constituye la atrofia del aparato productivo y de la agricultura del país en detrimento de las importaciones, ya que en términos sencillos se hace más barato comprar mercancías y bienes en el exterior con los petrodólares que producirlos internamente. La atrofia del aparato productivo en este tipo de naciones como Venezuela, es compensada con una hipertrofia de la burocracia estatal, que de alguna manera busca compensar la baja tasa de generación de empleo por parte del sector manufacturero y agrícola nacional. Es común observar en las oficinas públicas venezolanas, varios porteros cuidando una misma puerta, leyendo periódicos, varios chóferes para conducir el vehículo de un mismo burócrata, más enfermeras que enfermos en los hospitales y así sucesivamente.


Otra de las características del esquema rentista, es el desarrollo de una burguesía parasita, que acumula su riqueza fundamentalmente a través de la actividad importadora-comercializadora en asociación estrecha con trasnacionales imperialistas, de manufacturas provenientes principalmente de Estados Unidos, que posteriormente trasforma sus ingresos en moneda nacional a dólares para luego exportarlos, bajo la protección del libre esquema cambiario, a los bancos de Estados Unidos y Europa. La escasa actividad manufacturera que asume esta burguesía parasita, la hace al amparo de la transferencia de mil millonarios recursos que el Estado complaciente a su servicio les hizo históricamente a través de créditos blandos, que nunca eran pagados y de exoneraciones de impuestos. Ante la inoperatividad de la burguesía nacional para desarrollar las fuerzas productivas, los propios partidos socialdemócratas a su servicio, se vieron en la necesidad de hacer cuantiosas inversiones para desarrollar algunas áreas de la actividad económica, como la siderúrgica, la petroquímica y hasta la hotelera entre otras.

La crisis del modelo rentista hizo crisis en los años ochenta por varias razones. En primer lugar debido a la caída internacional de los precios internacionales del petróleo, una vez que el imperialismo estabilizó y deprimió el mercado con la derrota del mundo árabe tras la guerra del Yom Kipur. Como es de recordar la gran mayoría de los países del golfo pérsico se alinearon con Washington prestándose a la violación de las cuotas de la OPEP inundando al mercado de crudo produciendo el derrumbamiento de los precios. Es de destacar que a esta jugada también se prestaron los últimos gobiernos de la IV república con la “meritocracia” de PDVSA a la cabeza, violando las cuotas establecidas por la OPEP en clara conspiración contra los intereses de la nación.

La caída de los precios en los años ochenta, produjo una reducción drástica de los ingresos fiscales, una masiva fuga de capitales por parte de la burguesía parasita estimada en 300 mil millones de dólares, y una reducción brutal de la inversión social por parte de los gobiernos socialdemócratas en un país que había visto quintuplicar su población en los últimos 25 años. La crisis fiscal generada, la mega devaluación de la moneda nacional, el impulso privatizador del neoliberalismo aupada por la élites, produjo una contracción brutal del poder adquisitivo de la población que de la noche a la mañana se vio privada de poder adquirir los insumos básicos de subsistencia, produciéndose el colapso del esquema rentista y la explosión social del 27 de febrero de 1989 internacionalmente conocida como el “caracazo” pero que realmente no se límitó a la ciudad capital sino que se extendió por toda la geografía nacional, y que abrió las puertas al proceso revolucionario que actualmente vivimos.


Revolución Bolivariana y Superación del Esquema Rentista:

Uno de los principales objetivos que se ha trazado el movimiento bolivariano desde sus inicios, es el de la superación del esquema rentista-importador-dependiente-colonial. Las consecuencias de dicho esquema han resultado catastróficas para uno de los países que mayor riqueza ha generado en las últimas décadas en América Latina. Muchos analistas han estimado que el ingreso en dólares es comparable a 10 Planes Marshal con lo cual se reconstruyó a Europa occidental después de la II Guerra Mundial.

Los camaradas que han tenido la oportunidad de visitar a Caracas durante los diferentes eventos que se han efectuado en estos años de Revolución, han podido observar como el bello y primaveral valle en el que se asienta nuestra ciudad capital, está rodeado por el este, por el oeste y por el sur por un gran cinturón de miseria donde hacen vida, apiñados y carentes de elementales servicios millones de venezolanos y suramericanos excluidos por el sistema rentista, hipo productivo y por tanto escaso generador de empleo. Los visitantes también pueden observar con asombro, los miles y miles de buhoneros o comerciantes informales que atiborran las principales calles de Caracas y otras ciudades importantes del país, en busca del sustento que no pueden obtener en un empleo formal tanto del sector manufacturero como de servicios, ni en el sector público que ya no puede absorber más empleados improductivos.
En el campo la situación es peor. La escasa población que ocupa nuestras tierras, también vive en condiciones precarias, debido a la exclusión de la tierra a la que históricamente ha estado sometida y al escaso desarrollo de la industria agroalimentaria.

En Venezuela antes del advenimiento de la Revolución en el año 1998, las cifras mostraban que el 80% de la población se encontraba en situación de pobreza crítica y un 70% de todo lo consumido era importado. Hoy a 7 años de Revolución se ha producido una disminución leve pero significativa de los niveles de pobreza de acuerdo a las evaluaciones de índice humano de la ONU, pero los niveles de importación se han elevado al 80%, batiendo todos los record históricos, lo cual sin duda alguna es indicativo de que a pesar de los logros, algo anda muy mal en el sistema económico de la Revolución y que es materia fundamental de este análisis.


La Economía Venezolana en Tiempos de Revolución:

Como todo proceso revolucionario, el venezolano ha sido dinámico y dialéctico. Aunque los ortodoxos se empecinen en caracterizar al proceso venezolano, los marxistas hemos venido acompañando al río revolucionario en sus diferentes fases, tratando de incidir para que los objetivos revolucionarios logren coronarse. Así es como hemos observado que la primera fase nacionalista-dignificadora de los primeros años, siguió la defensiva-revolucionaria de los años 2002 y 2003 cuando la ofensiva fascista intentó derrocar al proceso y ahora la fase socialista en gestación, en pleno desarrollo.

Durante los primeros años del proceso revolucionario, como señala el economista de derecha José Guerra en su libro ¿Qué es el Socialismo del Siglo XXI?, prevaleció la aplicación de políticas típicas de una economía que enfrentaba una caída importante de sus ingresos fiscales, debemos recordar que a la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 el precio del barril de petróleo era de ! 9 dólares! el barril, producto de las maravillosas políticas de la “meritocracia”. Las finanzas públicas, continua guerra, estuvieron caracterizadas por un manejo austero, una política monetaria conservadora y una política cambiaria basada en el anclaje del tipo de cambio. En el Programa Económico de Transición 1999-2000, se lee “Las acciones especificas de la estabilidad monetaria, financiera y cambiaria tiene su pivote central en una prudente política fiscal signada por reformas tributarias, ajustes de gastos, de tarifas y precios de los bienes y servicios públicos”. Según Guerra , la puesta en acción de esta política, se tradujo en una caída del gasto público en términos del PIB en 1999 y un moderado aumento en 2000, como resultado de medidas de austeridad fiscal entre las cuales destacaron la reestimación de los ingresos fiscales tomando como base un precio de petróleo a 9 $ el barril, la implantación de algunos impuestos como el debito bancario con una tasa del 0,5% y la sustitución del impuesto a las ventas y el consumo suntuario por el IVA. En cuanto a erogaciones se decidió un recorte del gasto acordado, equivalente 1.5% del PIB. Durante la instrumentación de estas medidas, continua Guerra ,”no se diseñan políticas espectaculares con el objeto reproducir un cambio fundamental en la estructura de la economía de Venezuela. En cuanto a la acción del Estado tampoco hubo un proceso visible de expandir su acción como propietario de los medios de producción, salvo que se crearon dos instituciones financieras, el Banco de Pueblo y el Banco de la Mujer, destinadas al financiamiento de sectores socialmente excluidos”.




En el mismo Plan se establecía que el tipo de economía a construir era un sistema productivo diversificado, competitivo, abierto hacia los mercados internacionales, basado en la iniciativa privada y con presencia del estado en industrias estratégicas, pero con apertura a la inversión privada en el desarrollo aguas abajo del tejido industrial” .

Pero en el plano político la marejada revolucionaria continuaba y se plasmaba en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente y en un clima de expectativa y entusiasmo popular por ver cambiar el rumbo de sus vidas. La nueva constitución a pesar de estar fuertemente influenciada por los sectores reformistas, plasmó una serie de de derechos sociales y reservó para el Estado con carácter constitucional actividades económicas como el control de PDVSA que terminaron de inquietar al imperialismo y a la burguesía parasita y lacaya.

En octubre de 2002, al amparo del nuevo texto constitucional , el gobierno revolucionario promulga las llamadas 20 Leyes Habilitantes, entre las que sobresalían : la Ley de Tierras, la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Pesca, la Ley del Impuesto sobre la Renta que aunque no afectaban el régimen de propiedad sobre los medios de producción, exacerbaron los temores de clase de las clases dominantes, e impulsaron a la burguesía al amparo de la Embajada Norteamericana a las acciones golpistas, paro patronal y saboteo petrolero de 2002 y 2003 que todos conocemos, y que produjeron un avance en la conciencia de las masas y del líder, sobre la seriedad del terreno que estaba pisando cuando se comenzaban a tan siquiera rozar los intereses de la oligarquía y el imperialismo.

La Economía después del Golpe

La derrota de la derecha durante los sucesos de 2002 y 2003 coincidieron con el inicio de la recuperación de los precios del petróleo, entre otras razones por el crecimiento de la demanda experimentada en China e India, y como resultado de los esfuerzo hechos por Venezuela por reconstruir y salvar a la OPEP, no debemos olvidar que en 2002 el Presidente Chávez realizó un periplo por todo el mundo árabe que incluyó al mismo Irak con Saddam Huseim, y que se plasmó en la realización en Caracas de la histórica II Cumbre de Jefes de Estado y Monarcas de la OPEP, que no se efectuaba desde los años 60 y de donde salió revitalizada dicha organización.

El aumento en los ingresos fiscales registrados en el primer trimestre de 2003 a pesar de los estragos del paro petrolero, le permitió al gobierno revolucionario, incrementar el gasto social en más de un 500% a través de las llamadas Misiones y otros programas públicos como las Escuelas Bolivarianas que levantaron la moral de las masas y fortalecieron el apoyo político, al tiempo que el paradigma político-económico se modificaba como consecuencia de los “latigazos recibidos de la contrarrevolución”, estábamos entrando en lo que he dado en llamar la fase socialista en gestación, caracterizada desde mi punto de vista marxista, por una serie imprecisiones y desatinos que de seguir por este rumbo nos conducirán al despeñadero.




Buena parte de la inspiración de esa primera fase “socialista” está fundamentada en las propuestas de Hans Dietrich y otros actores revisionistas que plantean que no hay suficiente desarrollo de las fuerzas productivas para llegar al socialismo, que es necesario desarrollar primero el socialismo en el plano del ejercicio de los derechos políticos como mayor participación ciudadana y en seguir impulsando las diferentes formas de economía social y popular como las cooperativas y los núcleos de desarrollo endógeno. Igualmente tenemos a los burócratas-reformistas que piensan e impulsan la tesis e que el socialismo es la creación de nuevas empresas estatales o nacionalización de algunas existentes pero dentro de una dinámica de capitalismo de estado igual que en la cuarta republica.

Un buen resumen de esta situación las desarrolla desde su perspectiva de hombre de derechas el ya citado José Guerra, de cuyo texto tomaré algunos párrafos, ya que describe en buena manera la actual situación de la propiedad estatal y social en Venezuela. Posterior a dichos párrafos continuaremos con eli desarrollo, dice Guerra:

“Paralelamente al ambicioso programa social, se pone en marcha un decidido esfuerzo por acrecentar el ámbito del Estado en la economía y por fortalecer los espacios de formas asociativas no capitalistas como es el caso de las cooperativas y los llamados Núcleos de Desarrollo Endógeno. Dos indicadores reflejan el mayor peso adquirido por la acción estatal, el gasto público en términos de PIB y el porcentaje del crédito bancario canalizado hacia el financiamiento público”

“La ampliación del papel del Estado como propietario se hace manifiesta en las actuaciones y políticas de PDVSA como financista directo de proyectos de desarrollo, la acción social del gobierno y la potenciación de la presencia internacional de esta empresa, mediante la conformación de Petroamérica y Petrocaribe. En lo relativo al sector industrial, la presencia del Estado se expresa en la repotenciación de la Corporación venezolana de Guayana y sus empresas filiales (procesamiento del Hierro, Aluminio, Bauxita) que ahora incursionan en el mercado de las comunicaciones y en el establecimiento de un sector de empresas industriales públicas, algunas de ellas en asociación con capitales extranjeros, entre las que destacan las asociaciones petroleras, muy criticadas por sectores de la izquierda, y fabricas para producir tractores y vehículos con compañías chinas e iraníes. A esto se adiciona fabricas para el ensamblaje de vehículos militares, armas de guerra, producción de papel (INVEPAL), producción de válvulas petroleras (INVEVAL), textiles.”

“El Estado igualmente decidió ocuparse de parte de la producción agroindustrial mediante la Corporación Venezolana Agraria adscrita al recién creado Ministerio de Alimentación. En lo concerniente a la comercialización de alimentos, ya el Estado tiene un camino andado con la creación de MERCAL, actualmente el mayor vendedor de alimentos de Venezuela y la Corporación CASA. En lo que respecta a servicios, el Estado creó una nueva línea aérea CONVIASA.”

“Se ha conformado una red de medios de comunicación estatal y alternativos en manos de comunidades y el fortalecimiento de los canales de radio y televisión ya existentes, igualmente el lanzamiento de un conjunto de medios impresos comunitarios. Se trata inclusive de un esfuerzo comunicacional de dimensiones internacionales con la creación de TELESUR, conformada con capital fundamentalmente venezolano, pero donde participan también Brasil, Argentina y Uruguay”.

“Este proceso de crecimiento de la propiedad estatal en la economía , también se esta dando en el sector financiero, mediante el nuevo rol que están cumpliendo el Banco de Desarrollo Económico y Social BANDES, el Banco Industrial de Venezuela BIV, BANFOANDES, y el fortalecimiento de capital del Banco de la Mujer y del Pueblo. Igualmente ya está iniciando operaciones el BANCO DEL TESORO, el cual captará la mayoría de los fondos públicos actualmente en la Banca Privada y que en la economía rentista venezolana donde los recursos petroleros constituyen el 50% del ingreso fiscal representan casi el 80% del total de los depósitos bancarios”.

“El componente cooperativo y los Núcleos endógenos representan el estamento no propiamente capitalista de la acción económica del Estado, donde se configura una especie de modo de producción no capitalista, apoyado tanto por el aporte de capital como por la demanda de sus productos por parte del Estado. Apuntalados por el brazo financiero del Estado revolucionario, este sector se ha ampliado con especial fuerza a partir de 2003. Para el financiamiento tanto del sector privado mediano y pequeño como de las nuevas formas de propiedad, se creó el Ministerio de Economía Popular, donde se conforma la entidad política que permite la estructuración entre el sector cooperativo y los núcleos endógenos y el elemento financiero del Estado.”

“En la propiedad del Estado sobre parte importante de los medios de producción y en sus disponibilidades financieras subyace la base para la estructuración del socialismo del siglo XXI, como sería el caso de los Núcleos de Desarrollo Endógeno y las Empresas de producción Social. De esta manera aunque la estructura de la propiedad mantiene cuatro elementos: el sector privado, el estatal y el “social” conformado por núcleos de desarrollo endógeno las cooperativas y las empresas de producción social un curso previsible sugiere que os dos últimos deberían unificarse.”

“En la medida que el Estado venezolano concentre en sus manos, por si mismo o por medio de la economía social, dos factores de producción fundamentales, el capital y la tierra, y mediante regulaciones oficiales determinara los precios de la economía”.

“De los tres sectores de la Economía con presencia del Estado, las EPS y el binomio cooperativas-NDE constituyen el embrión del sistema de propiedad colectiva de los medios de producción lo cual a decir de Dieterich representaría uno de los mayores y mas poderosos instrumentos para la superación de la economía rentista, capitalista y dependiente por la nueva economía del siglo XXI. En estos los trabajadores o socios recibirán dos tipos de incentivos, los morales dirigidos a elevar el nivel de conciencia de los trabajadores y los materiales los cuales no necesariamente deben incluir los de carácter monetario, consistirían en bonos o tarjetas para adquirir bienes en establecimientos del Estado”

Como podemos ver, el socialismo del siglo XXI de acuerdo a la visión de Dieterich y de los reformistas-burocratas y a pesar del miedo que suscita en Guerra, resulta un gran enredo, lleno de confusiones y contadicciones, a veces de forma conciente, a veces inconsciente, sobre el verdadero significado del socialismo.


Venezuela 2006, Una Economía, Dos Rostros:

A pesar de que la terrible crisis económica provocada por el golpe de Estado, el paro patronal y saboteo petrolero, que produjo una caída del PIB de -20% ha sido superada, la situación estructural de la economía venezolana , es mala.

Los ingentes ingresos extraordinarios petroleros recibidos en los últimos tres años y el control de cambios impuesto por el gobierno revolucionario, yugularon en cierta forma el esquema tradicional de fuga de capitales y Venezuela vive hoy una “intoxicación de dólares” que resulta paradójica ante los persistentes niveles de pobreza existentes.

Los funcionarios públicos, incluyendo al Presidente, se jactan permanentemente de lo extraordinario de las cifras macroeconómicas que muestra el país, y no es para menos.
La economía registra en lo que va de año un crecimiento del 9,6%, las reservas internacionales rondan los 40 mil millones de dólares, la tasa de inflación a pesar de que la masa monetaria circulante se ha triplicado, se mantiene estable Las tasas de interés bancarias al fin fueron reguladas por el gobierno, pasaron de un promedio de 28 % aun promedio actual de 18%, lo cual ha producido un boom en el consumo de autos nuevos, electrodomésticos, viajes y adquisición de inmuebles por parte de la clase media que no se veía desde los años 70,el desempleo ha disminuido al 11%.

En las calles de Caracas, pululan junto a los miles de vendedores informales, nuevas y lujosas camionetas 4por4, carros de todos los modelos nuevos, los centros comerciales están atiborrados de compradores. El poder adquisitivo de la población se ha incrementado en todos los estratos sociales, según lo reconocen los propios economistas de la derecha, debido a los aumentos salariales en el sector público, la cancelación de miles de millones de bolívares de deuda social y pasivos laborales de trabajadores públicos que habían sido jubilados sin pagarles sus prestaciones sociales desde hacía 15 y 20 años, al incremento en los pensionados del Seguro Social que se han incrementado en mas de 300 mil durante el gobierno revolucionario, y el monto de las pensiones se han incrementado sustancialmente. El gasto público en obras públicas es mil millonario, actualmente se están construyendo tres sistemas de metro en diferentes ciudades, una línea férrea en el eje costero-central, el segundo puente sobre el río Orinoco y cientos de obras más rezagadas durante décadas por los gobiernos corruptos de la IV república

No obstante para los que trabajamos directamente con los sectores populares sabemos que existe un preocupante problema de desempleo, que se manifiesta en altos índices de delincuencia juvenil y mendicidad en las calles.

Las capas altas, que antes transformaban libremente sus bolívares (moneda nacional) en dólares y se los llevaban a la Florida, ahora se ven forzados a gastar en Venezuela en vehículos, insumos y conformarse con viajar a Miami o Europa con 4 mil dólares al año, que es lo que permite el control de cambios. Los pobres han visto incrementar sus ingresos en formas directas como por el incremento en el salario mínimo, las becas que otorgan las diferentes misiones a los estudiantes y mujeres pobres, y de forma indirecta porque compran alimentos a muy bajo precio en las tiendas MERCAL, adquieren asistencia médica gratuita y medicamentos a través de la Misión Barrio Adentro, sus hijos son alimentados en las Escuelas Bolivarianas y una serie de otros beneficios.

Pero mientras esta cara bonita de la Revolución existe, sustentada en los ingresos extraordinarios del petróleo, existe otra realidad que preocupa y debe llamar a la reflexión de los revolucionarios. La economía real no crece, el empleo real no crece, la producción manufacturera no crece, la producción agroindustrial no crece, las importaciones se quintuplican! El Banco Central pierde miles de millones de bolívares al mes para subsidiar a los banqueros con bonos a alto interés para evitar el crecimiento de la masa monetaria. Por ese camino no vamos bien, es el mismo camino de la IV República.


Cifras Económicas Preocupantes de la Economía Venezolana:

Vamos a realizar un análisis de algunas variables económicas de interés para el tema que estamos analizando. Para ello nos vamos apoyar en cifras divulgadas por los propios organismos públicos tales como el Banco Central de Venezuela BCV, el Instituto Nacional de Estadísticas INE, reflejados en un seguimiento hecho al cuerpo económico del diario burgués El Universal. Entre la información que me pareció de importancia esta reflejada en los siguientes párrafos.

Las estadísticas del propio Banco Central de Venezuela reflejan que mientras el comercio creció en un 19 % en el primer semestre del año, la construcción 27,4% y las comunicaciones 23,9%, la industria manufacturera que es la mayor generadora de empleo apenas lo hizo en 8,7%!!.

El rezago económico de la industria se combina con la poca inversión privada que controla al sector manufacturero. Domingo Maza Zabala alto directivo del Banco Central de Venezuela señala que los empresarios están invirtiendo en el aparato productivo nacional el 10% del PIB, cuando lo deseable seria el 18% para asegurar un crecimiento estable.

El consumo en los hogares se ha incrementado en un 53,2% respecto a 1998 sin embargo el dinero destinado a la inversión es tan solo el 3,8%. Mientras las importaciones satisfagan el consumo la economía no va a mostrar signos de evolución. CADIVI el organismo encargado de administrar el control de cambios está inyectando un promedio diario de de 80 millones de dólares lo que supera en un 22% los niveles de 2005.

De esta manera los productos comprados en el extranjero con las divisas que proveen los ingresos extraordinarios del petróleo garantizan que las deficiencias de las empresas manufactureras se suplan. El resultado es que las importaciones del primer trimestre de este año se ubican en 5 mil 899 millones de dólares, todo un record en los últimos 10 años.

La falta de inversión en el sector manufacturero se manifiesta en la poca capacidad que ha mostrado la economía venezolana para generar puestos de trabajo estables y bien remunerados .En los últimos 12 meses solo se han creado 542 mil empleos, lo cual palidece ante los 4.8 millones de personas que viven de la economía informal y los 400 mil jóvenes que cada año inician la búsqueda de un empleo.

Solo 48% de las empresas están utilizando su capacidad instalada al máximo. Después de 10 trimestres de crecimiento económico en términos del PIB los sectores claves economía comienzan a agotar la capacidad de producción de tal forma que la palabra clave es inversión para ampliar las plantas y el volumen de servicios. La inversión anual fue del 18% del PIB, correspondiendo 10 % al sector público y 8 % al sector privado, lo deseable seria que la inversión representara el 25 % del PIB..

Como podemos ver la inversión publica crece (obras, planes sociales etc) pero la privada decrece: construcción, manufactura, agricultura, servicios. El crédito se ha disparado pero poco para financiar inversiones. Los empresarios han aumentado el nivel de solicitudes de crédito por la baja de intereses y el aumento general del consumo pero no invierten lo necesario para garantizar el crecimiento del empleo y la productividad nacional. Solo el 12,5 % de los créditos se dirige a la manufactura y el 52% se están dirigiendo a l comercio y servicios y son préstamos a corto plazo.

El dinero destinado a la inversión en la compra de maquinarias y a la ampliación de la capacidad instalada apenas supera en 3,8% al año 1998 previo a la revolución lo cual significa una descapitalización abrupta del aparato productivo. El déficit de inversión explica porque a pesar de durante diez trimestres consecutivos ha habido crecimiento económico el empleo escasea y el INE (instituto Nacional de Estadísticas) registra que el numero de puestos de trabajo en el sector formal tan solo aumenta en 275.839 puestos, lo cual resulta escuálido ante 1 millón 164 mil desempleados y 4,8 millones que laborean en el sector informal donde el ingreso es inferior al salario mínimo. El gobierno ha venido paliando la caída de la inversión y de la productividad a expensas de las importaciones

Como vemos, la expansión de la economía se ha sustentado en una escalada generalizada en el valor agregado bruto de las actividades no petroleras. En la manufactura de acuerdo a datos del INE en 1996 existían 12.771 empresas y en 2005 6.756, es decir una reducción del 52,9%. Las empresas existentes han incrementado su capacidad utilizada de 50,6% a 60,55%. En una encuesta realizada a empresarios nacionales 56% respondió que disminuyo sus inversiones y solo 37% refirió aumento.

Entonces repasando las cifras tenemos que si bien por un lado ha habido 10 trimestres de crecimiento económico por el aumento de los precios petroleros, el comercio registro un aumento de 19%, la construcción 27,4% (a expensas del sector publico) y las comunicaciones 23,9% las importaciones este año van por el orden de los 5.899 millones de dólares.

La economía crece en 9,6% y sin embargo entre junio 2005 y junio de este año la cantidad de personas empleadas en el sector formal solo se incrementa en 275.839 una magnitud deficiente ante los 400 mil jóvenes que cada año ingresan al mercado laboral.. La inversión existe donde hay inversiones publicas y la inyección de capitales privados fue de tan solo 9% del total nacional de 18% del PIB. Solo 519 millones de dólares de utilidades provenientes del sector privado fueron reinvertidas en el aparato productivo de acuerdo al propio BCV. La reinversión en las industrias solo creció en un 10%.

Las empresas aumentan sus ventas, el gasto público aumenta en forma agigantada y el PIB registra aumentos anuales sostenidos pero ¿dónde está el empleo?. Pero agreguemos un dato más, en 2005 el PIB creció en 9.3 % y la cantidad de trabajo en 0,35%. En 2004 el PIB creció 17,8% y el empleoo 5%, es decir no hay proporción.

Para que el empleo crezca es necesario que se aumente la inversión en nuevas plantas, maquinas y equipos que requieren mayor numero de trabajadores. La burguesía ha optado por hacer pocas inversiones, el país no puede continuar en la caída de la producción nacional y la mengua del empleo. Como muestra de esta grave crisis es tal que las importaciones en 2005 fueron de 23 mil millones de dólares el nivel mas elevado en los últimos nuevos años.

Crisis a la Vista:

Como hemos podido ver, el supuesto crecimiento económico experimentado por Venezuela en los últimos tres años es realmente “una burbuja”, que reproduce sin muchas variaciones situaciones de boom petrolero de épocas anteriores. por ejemplo en los años 70, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, se desato la primera euforia petrolera. El país nadó en divisas solo que el precio del barril permaneció estático por un largo tiempo de casi 8 años y la industria y la manufactura se desdibujo igualmente ante la entrada de productos del extranjero mas baratos.

Ahora la situación en términos económicos es igual, siempre será mas barato en Venezuela importar que producir, si no nos importa el componente social de pobreza que esto genera como ya hemos analizado al inicio de este trabajo. Pero ahora se añade el componente político. Al estar el país inmerso en un clima y proceso revolucionario que ha impuesto importantes controles a las operaciones económicas de la burguesía y del imperialismo: control de cambios, solvencia laboral, control de precios, cobro estricto del impuesto sobre la renta, incremento de las regalías petroleras que pagan las empresas petroleras extranjeras ( del 1%! Al 16%) e incremento del impuesto sobre la renta a dichas empresas en 50%, si agregamos el control político y operativo de PDVSA y todo el entorno de empresas publicas y sociales que están surgiendo, es fácil entender que aparte de las razones económicas que históricamente han operado en Venezuela como país rentista con ciclos de súper ingresos, la oligarquía sufre de un legitimo temor de clase a invertir, a pesar de todos los esfuerzos que desde algunas esferas del gobierno se hacen para que inviertan, perdonándoles todo el daño que infligieron a la economía nacional durante el golpe de estado y posterior paro patronal de dos meses, se les halaga otorgándoles facilidades para prestamos, ruedas de negocios, lo cual causa gran rabia y frustración en el pueblo. Por ejemplo industrias Polar, que controla un importante sector de la manufactura alimentaría de Venezuela, y que jugó un rol fundamental en los sucesos fascistas de 2002 y 2003 es actualmente uno de los principales proveedores de MERCAL.

Por otro lado, además del temor de clase de la oligarquía nacional y de la inquietud del imperialismo, sabemos que el plan contrarrevolucionario sigue su marcha, y que un pilar fundamental es el debilitamiento de la economía nacional. Los ingresos extraordinarios petroleros han frustrado y amortiguado en buena forma el plan de saboteo a la economía nacional pero a que precio, ¡al de estar invirtiendo miles de millones de dólares en importaciones!, una real locura que no puede continuar. La revolución bolivariana nació precisamente para desmontar el esquema rentista-importador-colonial , para poder liberar a las masas de la miseria histórica a la que han estado condenadas en medio de un Estado nadando en divisas. Ese camino, el de la improductividad y desempleo condena a la Revolución a seria crisis fiscal y social que la puede implosionar.

¿Que Hacer?

Mientras los revisionistas y los reformistas, se afanan en plantear que el socialismo del siglo XXI debe fundamentarse en la red de economía social que se está construyendo y la ampliación de la propiedad estatal pero bajo régimen de capitalismo de Estado,las cosas no van a andar bien, aunque la actual burbuja económica basada en los ingresos extraordinarios del petróleo cree la ilusión en algunos, los marxistas sabemos que ese no es el camino.

Sin desdeñar la importancia del desarrollo de un área de economía social como la antes señalada que está incorporando a la actividad económica a millones de venezolanos excluidos, solo expropiándole a los capitalistas la columna vertebral del aparto productivo y la banca, será posible crear las verdaderas condiciones para desarrollar al país y sacar de la miseria a millones de compatriotas, además del impacto político que produciría en toda América Latina y el mundo.

Visto el análisis económico anterior, resulta absurdo que el Estado esté invirtiendo mil millonarias sumas en importaciones, millones de dólares para subsidiar a los banqueros con bonos a alto interés para retener la masa monetaria en las bóvedas, mientras la economía real esta en grave crisis, solo que disimulada en una burbuja. Si queremos hacer la Revolución deberíamos expropiar a los capitalistas e invertir todos esos recursos en capitalizar al aparato productivo tras 7 años de saboteo de la oligarquía, se produciría en corto plazo en las nuevas empresas nacionalizadas bajo control obrero un crecimiento espectacular del empleo, de la productividad nacional y una caída en las importaciones con que se podría a su vez invertir mas en la educación y en la salud del pueblo, además que aumentaría la conciencia de clase del trabajador venezolano convirtiéndolo ahora si en vanguardia del proceso revolucionario.

El socialismo que plantean los revisionistas y los reformistas, es un socialismo escuálido, raquítico, anémico, marginal, a largo plazo y que fácilmente los marxistas podemos ver que esta condenado al fracaso al no ser capaz de generar áreas que den suficiente valor agregado a la economía. Un saludo a la bandera que muchos impulsan, para esquivar al socialismo, hacerlo fracasar y aniquilar la actual posibilidad de liberación del pueblo venezolano. Como podemos ver la implantación de una economía socialista en Venezuela no es cuestión de caprichos teóricos, sino de una grave realidad económica que hemos tratado de demostrar en este análisis .Defendamos pues nuestras tesis socialistas para evitar el colapso o fracaso de la Revolución venezolana que tantas expectativas ha despertado en el mundo actual, desmoralizado y resignado tras décadas de dominio unipolar imperialista